Teatro fuera del teatro

Ensayo de 2011, contenido en el libro del CITRU. “Cambios paradigmaticos del teatro mexicano siglos XX y XXI”.

“Con estas palabras, me gustaría exponer dos ideas: la primera, que cualquier salida del teatro de los recintos edificados para contenerlo es parte de su propia toma de conciencia como arte y que, a su vez, esta toma de conciencia pertenece a un régimen de pensamiento más o menos fechado en el tiempo. Y la segunda idea es que la actual salida del teatro de su espacio convencional conlleva asimismo la salida de sus espacios conceptuales, lo que involucra no sólo al recinto teatral, sino también a su sistema de jerarquías y relaciones: se trata de una transformación política, una nueva división de lo sensible en el teatro.”

Acceso al libro acá

Foto de: Dominio público, de Roger Bernat

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La isla de Próspero

Volver a la Isla

Así pues, escribir de a cuatro manos aunque cada quien se hiciera cargo de su firma. Escribir, también, desde el malestar como manifestación del cariño. El cariño, por supuesto, al teatro; por supuesto, al país que ese teatro refleja; y, por supuesto, por supuesto, por supuesto, al compañero de armas. Porque esa isla era, además, una trinchera, un lugar de resguardo pero también de ataque. Porque el malestar no era ficticio, porque nadie se detenía a señalarlo y, mucho menos, a detenerse a describirlo, a arriesgar la propia posición, a tomar postura.

Entre 2004 y 2013, Rodolfo y yo nos veíamos casi todos los días en el Citru y, cuando había tiempo, comentábamos las noticias que nos llegaban del mundo y del submundo teatral y un día de 2010 se nos ocurrió ponerlo en palabra, dar la cara de cada afirmación e intentar echar a andar un diálogo. Esto fue, claro, antes de que facebook arrebatara las primicias y los comentarios. Aunque, debo decirlo, no se trataba sólo de un espacio para el malestar sino también para el gozo y para la memoria. Sin las ataduras de las publicaciones periódicas, pero también sin la velada y posterior abierta (auto)censura de las poquísimas opciones editoriales, podíamos dejar volar la pluma sobre lo que presenciábamos aquí o en nuestros viajes, o sobre lo que pasaba por nuestra cabeza y no necesitaba ningún pretexto para ser llamado a tierra.

El blog -como debió sucederle a todo un momento de esta vida digital- nos permitía iniciar una conversación un día y continuarlo meses después; pasarnos la palabra; contrapuntear ideas y probar otros soportes. Allí está, por ejemplo nuestra mirada sobre la segunda venida de Castellucci, nuestra revisión sincrónica -sin proponérnoslo- de Brecht; o la pasión de Rodolfo por Kentridge o su seguimiento al performance desde la famosa retrospectiva a la Abramovich hasta los (otros) aspavientos de la Lésper. Allí sostuve, por mi parte, un diálogo con la querida Luz Emilia Aguilar Zinzer sobre cómo respondía el teatro a nuestra nueva realidad que hoy cultiva fosas y desaparecidos; mi asombro ante las coqueterías institucionales con la banalidad que ahora se disfraza de “industria teatral”; mi perplejidad ante Teatro Ojo o las Lagartijas tiradas al sol; e, incluso, intenté robarle el gesto a BB y hacer un Diario de la guerra que asomaba. Revísese -para tener idea de las aspiraciones y emergencias- que la reseña que hace Rodolfo a la presentación de Rimini Protokoll en 2010 contiene ya un acercamiento a Lehmann e intenta una aproximación crítica que ocho años después los críticos actuales no logran sacar de dos o tres perogrulladas post, expand o lo que sea.

Pero, sobre todo, la Isla nos permitía salir y mirar los ires y venires de nuestras políticas de legitimación que, hasta ahora, conservan dinámicas más cercanas al sentir posrevolucionario que a una verdadera democracia. Premios, pedagogías, hábitos e instituciones fueron revisadas en aras de ofrecer una imagen que contrastara con el aparente consenso y sus coacciones no escritas. Es cierto, propuestas había pocas (o incluso ninguna) pero desde mi perspectiva, éstas van llegando apenas ahora con la unión de las voces del gremio, mientras que en esos días lo que sentíamos urgente era generar un diagnóstico, un mapa de guerra.

Si escribo estas líneas  no es para enaltecer lo que hicimos (aunque sí, me da orgullo particular pensar que esto lo hice junto a una de las personas que más admiro) sino para recordar un gesto como se hace en el teatro, para que quien se quiera acercar otra vez al gesto recupere la situación y pueda tomar sus propias posiciones.

[Y, por supuesto, por supuesto, por supuesto, Ludwik]

(Fotografía de Luz María Obregón)

Acá el enlace al blog:

La isla de próspero

Expansión y realidad

Por: José Sánchez

Apuntes para la presentación del libro La escena expandida, de Rubén Ortiz, en el MUAC, México, 7 de abril de 2016, acto en el que también se presentó Ética y representación.

La escena expandida afirma prácticas artísticas que manifiestan un compromiso con la realidad social y política y al mismo mantienen una voluntad poética. La escena expandida responde a un malestar de la puesta en escena burguesa. Y es que ese modo de puesta en escena muy raramente dialoga con la realidad. Se diría que, incluso cuando los dramaturgos y directores tratan temas de actualidad, lo hacen al margen de la realidad, en un mundo paralelo y sin conexión con el presente.

Publicación original:

https://parataxis20.wordpress.com/2016/04/08/experiencia-y-realidad-2016/

 

La potencia de la asociación. Rumbo al Congreso Nacional de Teatro

En 2014, la filósofa Marina Garcés, respondía a los pensadores apocalípticos y (neo)conservadores que predicaban la imposibilidad de un cambio. La filósofa catalana denunciaba que su discurso era, a fin de cuentas, un discurso desde el poder: que nada cambie para que sigamos capitalizando la vida. Se pregunta: Continuar leyendo “La potencia de la asociación. Rumbo al Congreso Nacional de Teatro”

Economía política para teatreros o Cómo ser trabajador precario y no matar en el intento

La cultura no puede ser una esfera separada de la sociedad. No puede ser solamente una opción de ocio, ni un sector de la industria, ni un apartado del PIB. Hemos convertido la cultura en un recurso potentísimo del capitalismo a la vez que nos empobrecemos culturalmente. Desapropiar la cultura es sacarla de esta captura sectorial capitalista y entenderla como algo vivo que forma parte intrínseca de la vida humana. Para ello, creo que hay un sentido del servicio público al que no podemos renunciar, pero que no necesariamente significa estatalizar ni burocratizar la cultura.

Marina Garcés Continuar leyendo “Economía política para teatreros o Cómo ser trabajador precario y no matar en el intento”

Sobre “La máquina de la soledad”, de Oligor y Microscopía

LOS OBJETOS EPISTÉMICOS

Shaday Larios y Jomi Oligor

Compañía Oligor y Microscopía

Presente

Queridos Shaday y Jomi:

Les escribo esperando se encuentren más descansados después de la gira mexicana de La máquina de la soledad (que a mí me tocó ver en julio, en el teatro El Galeón). Continuar leyendo “Sobre “La máquina de la soledad”, de Oligor y Microscopía”