La potencia de la asociación. Rumbo al Congreso Nacional de Teatro

En 2014, la filósofa Marina Garcés, respondía a los pensadores apocalípticos y (neo)conservadores que predicaban la imposibilidad de un cambio. La filósofa catalana denunciaba que su discurso era, a fin de cuentas, un discurso desde el poder: que nada cambie para que sigamos capitalizando la vida. Se pregunta:

¿En qué consiste esa posibilidad con la que el poder, ya sea neoliberal o disciplinario, nunca cuenta como realmente posible? El mismo Marx la describe en La ideología alemana con unas palabras muy claras: la revolución consiste en “la apropiación de la totalidad de las fuerzas productivas por parte de los individuos asociados (…) que adquieren, al mismo tiempo su libertad asociándose y por medio de la asociación”.

Es importante notar cómo en la cita de Marx se destaca la palabra “asociación”, es decir, la posibilidad que tenemos las personas con sentidos de vida semejantes de organizarnos para obtener lo que merecemos con lo que hacemos. Llevar una vida digna por medio de la apropiación de lo que produce nuestro trabajo, en un marco de autonomía y diálogo.

Esto, como Garcés apunta, es algo que ya sucede en muchos puntos del mapa. Pero es invisible para el poder, pues éste sólo se encarga de cuidarse las espaldas ante la revolución en la que un golpe “histórico” le quitaría contundentemente todos sus privilegios.

Otras cosas, en cambio, están sucediendo. Algunas con mejor o peor fortuna, pues hay que comprender que se trata de ensayos que vuelven una y otra vez a probar lo sucedido. Aquí mismo, en México, el Congreso Nacional Indígena es uno de esos ensayos que camina, que logra coagular muchas fuerzas que por mucho tiempo han estado bajo presión: la de los pueblos indígenas, la de las mujeres indígenas, la de la defensa de la tierra ante el capitalismo depredador, la defensa del maíz y la defensa de nuestro sustento futuro. Asimismo, algunas policías comunitarias y algunas autodefensas, representan la asociación de territorios en defensa de la vida frente al avance de la delincuencia vestida de taladores, narcos, policías o militares.

Todas estas asociaciones, responden al desmontaje de las garantías que alguna vez dijo mantener el Estado y que ahora de manera descarada ha relegado a los negocios lícitos e ilícitos. El Estado no es un estado fallido, pues le funciona muy bien a los intereses de los bancos, de las mineras, de la cocaína, del agua, del monocultivo y del compadrazgo.

Hoy podemos ver que las asociaciones que Marx imaginaba que estarían al servicio de la toma de las fuerzas productivas, en este momento se dedican a la simple y llana defensa de la vida. Porque lo que en algún lugar es extracción de metales o de gas, en todas partes es explotación del trabajo de las personas. Véase si no la condición de precariedad de nuestro trabajo artístico, la lista de pendientes sería larguísima y, por otra parte, la hemos repetido hasta el cansancio.

Pero en la asociación hay un asunto fundamental: la voluntad y responsabilidad de quienes se asocian. Muchas organizaciones surgen en el filo de la sobrevivencia, ocurren como último recurso. Las que antes parecían diferencias irreconciliables, ante el peligro se vuelven asuntos triviales, pues organización implica pasar de la ética de la competencia a la ética del cuidado, del apoyo mutuo; de la política de la seguridad a las políticas de la incertidumbre; de la autoconservación a la creación colectiva; de la dinámica del caudillismo a la deliberación, la discusión y la argumentación. En resumen, pasar de las viejas costumbres corporativistas del chantaje y las amenazas patriarcales, a los siete principios de los que habla el CNI:

1.- Servir y no servirse.
2.- Construir y no destruir.
3.- Representar y no suplantar.
4.- Convencer y no vencer.
5.- Obedecer y no mandar.
6.- Bajar y no subir.
7.- Proponer y no imponer

*

El día de hoy se ha presentado la convocatoria del Tercer Congreso Nacional de Teatro. Al margen de sus compartimentos y dinámicas, es muy importante que el comité organizativo haya propuesto ejes éticos centrados en el apoyo mutuo:

  • Construcción de paz
  • Derechos de la infancia y la juventud
  • Derecho a la Salud
  • Derechos Humanos
  • Derechos LGBTTTIQX
  • Derechos de las personas migrantes
  • Equidad y feminismo
  • Diversidad e inclusión indígena
  • Vida laboral digna

 

Esto implica, ante todo, pasar la emergencia a lenguajes eficientes y articular de otra manera nuestras demandas consetudinarias que parecen encerradas en callejones sin salida. Implica asumir la potencia de la asociación, la fuerza de la autonomía y la capacidad de negociación entre el gremio y las instituciones de manera adulta, sin los viejos paternalismos.

Se trata de una agenda compleja con una diversidad de metodologías que abre las posibilidades para que quepan todas las inquietudes. Se trata de un dispositivo que abre la vía resolutiva, de manera que muchas iniciativas puedan ser implementadas ya sea entre nosotros o con el concurso (que no la ayuda) de las instituciones que están, precisamente, para servir a la voluntad de la polis.

 

*

La palabra “democracia” no es un sitio al que se llega con penuria. Es, apenas, un escenario vacío, una posibilidad para que la obra que allí se monte garantice la igualdad de las inteligencias y de las sensibilidades. Por eso es tan frágil. Porque apenas es una posibilidad que asume que todos nos queremos con equidad de posibilidades, pero también de responsabilidades. Por eso es tan fácil abusar de ella, porque parte de la confianza mutua y porque nunca faltan los que se quieren pasar de listos, los que capitalizan todo para su propio interés. Pero el resguardo de la democracia no es la policía, sino el diálogo.

Es importante señalar lo que el Congreso pueda tener de insuficiente, pero habrá que argumentar, habrá que intentar decir por qué y para qué. De otra manera, el comején del troll profesional instalará sus pasiones tristes, su resentimiento y su culpa frente al esfuerzo común. Eso es lo que denuncia Marina Garcés de aquellos “pensadores profesionales” que adoran a veces más que a sus privilegios, a su propio resentimiento. Por eso, la pensadora de la vitalidad y la solidaridad comunal, termina así su exposición:

Lo que ha cambiado no es la posibilidad de la revolución sino su forma y concepción histórica. En un mundo posthistórico, la revolución ya no será un acontecimiento histórico, único, que cambiará para siempre el curso de la historia. Y en un mundo postpolítico, la revolución ya no será una mera toma del poder político. Más allá de la historia política de las revoluciones, hoy se impone la intempestividad de las revoluciones que ya están teniendo lugar. Si el poder no quiere verlas, nosotros sí.

Por mi lado, como un cualquiera de esta asociación, terminaré agradeciendo mucho esta oportunidad colectiva a Ana Francis, a Micaela, a Bryant, a Aristeo, a Eloy. Pero también a quienes estuvieron en las jornadas preparatorias y a quienes prestaron oído a la voluntad de cambio. Y también a quienes han insistido en la crítica, muestra tras muestra, acto fallido tras acto fallido.

Toca volvernos adultos. Aunque salga mal. Aunque salga bien.

En: teatromexicano.com.mx, 15 febrero, 2018

Publicación original:

http://teatromexicano.com.mx/6557/la-potencia-de-la-asociacion-rumbo-al-congreso-nacional-de-teatro/

 

 

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